Aspectos Quinto septenio

A nivel profesional

En general, durante este periodo se busca más el progresar a nivel de trabajo con su correspondencia de salario que en el aprender que queda relegado.

Hacia los treinta años y tras haber superado la llamada crisis de los talentos uno ya sabe de una manera razonable a que quiere dedicarse e intuye de manera aproximada hasta dónde puede llegar.

Esta ambición profesional proviene también de buscar una responsabilidad para actuar en el mundo. La persona siente que ya posee una identidad y quiere desplegarla actuando en el mundo.

Ya no se busca mejorar la empresa y menos el mundo, sino progresar en su situación personal y consolidar, si no ascender en la escala profesional.

En ocasiones en la primera parte del septenio (28-31 años) se es ambicioso pudiendo llegar a ocupar cargos de responsabilidad. Pero todavía no se ha logrado desarrollar la empatía ni se han desplegado la capacidad para la compasión que se logrará en torno a los 33 años. Estos dos factores hace que en algunos casos se pueda uno convertir en un jefe tirano y déspota, no apreciado por aquellos que le padecen.

Pareja

La pareja se ha consolidado tanto que ha perdido parte de su interés y brillo. En general, no es el septenio en que se suele cambiar de pareja. Aquellas que se formaron entre los veinte y los treinta se han cristalizado hasta el aburrimiento manteniendo una convivencia reducida al mínimo. Con una vida sexual donde predomina la rutina, los dos miembros tratan de buscar su ascenso social a costa de reducir la dedicación a la pareja. Es el momento en que suelen aparecer los hijos.

Estos, al contrario de lo que en muchas ocasiones se cree, no son un motivo de unión de la pareja, sino una fuente para encontrar más dificultades y motivos de roce.

En la adolescencia se buscaba la pareja ideal y luego en el septenio anterior el ideal de la media naranja que nos complemente. Ahora ya en el entorno de los 30 años nos sentimos ya completos, una naranja completa y solo nos queda saber si a nivel de pareja somos capaces de convivir con otra naranja completa.

Los hijos

Este es periodo de tiempo en que uno suele convertirse en padre o madre. Además es un septenio que se espejan muchas de las cosas que se han vivido con nuestros progenitores. Resulta bastante común escucharse repitiendo las mismas frases que nos dijeron O proyectar los mismos miedos que nos fueron inculcados con el «Cola-Cao». En ocasiones estos temores no se manifiestan iguales, sino que se viven de manera reactiva haciendo lo opuesto a lo que experimentamos.

La paternidad/maternidad,posiblemente la más abarcante de todas las experiencias vitales, es vivida de manera diferente por cada uno, pero también varía en función del género del progenitor.

La madre

Aunque la sociedad actual está tratando de encontrar implicaciones iguales en el cuidado de los hijos, todavía está muy lejos de conseguirse. Muchas madres se ven empujadas a tomar la decisión entre estancar su carrera profesional o relegar su maternidad. Ni las bajas remuneradas algo más extendidas en el tiempo ni otras conquistas sociales han logrado en su totalidad la conciliación familiar.

El padre

Según Lievegoed el hombre durante estos años busca denodadamente un cierto ascenso en la escala social. Mucha de esta ambición parece responder al «impulso del cazador de querer traer comida a la prole.»

Muchos padres en esta fase no pasan tanto tiempo con sus hijos por la creencia de que deben darles más bienes materiales que afecto explícito con el correspondiente tiempo dedicado.

A nivel social

Ya no se buscan las experiencias sociales del septenio anterior. Esto unido a al cansancio de las largas jornadas de trabajo a la presencia de los hijos y a la necesidad de ahorrar para pagar la casa y el querer disfrutar de esta hace que se reduzca la vida social hasta el mínimo.

Otro problema que surge en este septenio que ya se ha mencionado es la de la querer tener razón todo el tiempo. Esto puede llevar a tener disputas que pueden poner en riesgo muchas relaciones.

Otra de las amargas consecuencias de la irrupción radical de la razón es que al otro ya no se le acepta, sino que se le juzga y si se encuentra algo que no gusta, esto se tornará en crítica

En el ámbito laboral la ambición también puede suponer un serio problema y amenaza para una buena relación personal con los compañeros, jefes y subordinados.

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